Hugo y
Elmo llegaron a
Bahamas, un bar de estructura pobre que se cree algo así como
electropop y que se llena cuando los
carajillos adinerados están sin plata, después de una odisea para regresar el carro de la empresa que se les varo de camino, allá por la Sabana. Allí se encontraron a Cristal y algunas amigas de ella que pocos minutos después
Hugo describiría como "No, no, no, no, no..."
Casi al mismo tiempo llegó
Johan al bar, recién salido del trabajo.
Los tres
mommios se tomaron una
birra en ese lugar y en poco se aburrieron. Decidieron hacer camino y aprovechar que
Hugo andaba con el único carro de la empresa que no tiene
GPS.
Así pasaron primero por el bar contiguo:
AreaCity, otro chinchorro con aspiraciones
poperas tipo
ochentas.
Elmo y
Johan hablaban de la falta de encontrar alguien para el fin de año y de como el tiempo se acaba. Así surgió el concepto de que a mediados o en la tercera semana de diciembre la calle se pondría como el reino animal y que ellos se verían forzados a cazar en manada con la regla de compartir la presa. Mientras
Hugo se sumó a la conversación y los tres muchachos empezaron a hacer muecas visuales de cacería, pasaron dos muchachas ni lindas ni feas a su lado. De esas
jóvenes que tienen algún potencial oculto entre las miradas. Ellas volvieron con sus bebidas y se estacionaron junto a los
mommios. Mientras ellos descifraban si hablarles o no, las chicas se fueron. El Pueblo, decidieron irse para el pueblo, que es un centro comercial de bares frecuentado por personajes peligrosos que degustan de disparar y hacer pleitos con botellas rotas.
Antes pasaron por la Chicha, otro de esos chinchorros josefinos que ven masificadas sus ventas con la organización de algunos conciertos y la selección de música más
hip.
Johan recordaba como le dio el primer beso a la
innombrable en la mesa que se encuentra entre la barra y el baño de hombre,
Hugo encontraba
rasgos de su propia
innombrable en las letras de algunas canciones de
Pearl Jam y similares.
Elmo notó la presencia de un hombre rubio muy borracho, si acaso de 30 años. Estaba desparramado en una mesa totalmente perdido del mundo. Entre un trago de cerveza y una broma volvieron a ver y el borracho tenía compañía, una muchacha linda, alta, nada despreciable le acariciaba la cara. Los tres rieron y comentaron que al rato les hacía falta emborracharse como idiotas para conocer a alguna mujer. Al poco tiempo la joven levantó al borracho como pudo, lo beso y los tres
mommios dijeron: "Puta y ahora se van para el motel, maldito
suertudo".
Se
enrumbaron hacia El Pueblo, porque
Hugo quería ir a un lugar menos
melancólico. Llegaron y a la entrada el guarda no quería dejar entrar a
Johan porque tenía un gorro de lana en la bolsa, Como si no ingresarán allí con pistolas y demás armas.
Hugo se devolvió al carro para dejar el gorro. Cuando volvió empezaron a ingresar. Bares entre vacíos y patéticos. Pasaron frente a un lugar llamado
Tarrico y vieron un par de muchachas guapas en la entrada, de esas que se merecen un
Miauuu. Pero siguieron andando para orinar y ver que otro bar se encontraban. Nada, y decidieron entrar a
Tarrico, cuando iban llegando las muchachas
Miauu iban saliendo. Igual entraron y encontraron el mismo panorama de todos los lugares, una treintena de bates y como cinco gordas, ya todas tomadas por su puesto.
Lo de menos
melancólico tampoco funciono. Al entrar y el "animador" se puso a hacer mofa de los despechados y sonó Navidad sin ti, o como se llame, de Marco Antonio
Solís. Igual no se
aguevaron y la cantaron. Un poco más duro fue la canción que siguió, la de Seré un buen Perdedor, de Franco de
Vita. Se tomaron las dos
birras de la entrada, hicieron un poco de malas bromas y jalaron.
Fueron a dejar a
Elmo.
Hugo preguntó por Mando.
Johan replicó que no iban a ir hasta
Cartago y
Hugo preguntó que por qué no.
Johan dijo que pues si, que por qué no. Pero Mando no contestó. Después de dejar a
Elmo les dio por irse a
Escazú. Ese loco de
Hugo hacía correr al gajo de 4X4 a 120 kilómetros por hora y más, aún sin poderle meter la quinta. Llegaron rápido. Acomodaron el
vehículo y se bajaron. De un
carrazo alguien saludó a
Hugo, y aunque le tomó tiempo darse cuenta, reconoció la señorita
Sharon que le saludaba desde
atrás.
Allí si había ambiente y el iluso de
Johan que se negaba a reconocerlo, descubrió donde es que se ocultan las muchachas bonitas.
Hugo propuso ir donde
Sharon y
Johan aceptó. Él no sabía que
Sharon vive en Santa Ana, bien lejitos. Compraron un par de
birras por
jupa y cigarros en un bar donde no se podía caminar ni respirar de lo lleno que estaba.
Donde
Sharon estaban otras dos amigas algo tímidas y que pronto se fueron a dormir.
Hugo descubrió que eran las 4:30 de la madrugada y que tenía que trabajar temprano al día siguiente. Así que se devolvieron.
Al llegar a
Mommiolandia (antigua
Betania) se dejaron llevar por la estupidez e intentaron hacer un par de trompos en la rotonda. No se logró, no más se despedazó un poco el
zacate de la rotonda.
Chau y a dormir.